Jesús Díaz Ferrer nace en el Barco de Valedoras (Ourense) el 22 de mayo de 1922. Autodidacta se inició desde muy joven en el arte pictórico. Tras una infancia difícil, se instala en Madrid en el año 1940, para dedicarse enteramente a su carrera artística. Toma contacto con los pintores surrealistas: Max Ernst, Braque, Picasso, le gusta la pintura francesa y se encuentra cómodo en una ciudad abierta y tolerante. Allí permanece hasta el año 1982 para luego volver a España. No ha seguido una estética determinada, él cree en el arte como creación del artista nato. No puede explicar el significado de los temas que elige ni le interesa averiguarlo. Su obra emana erotismo, pero este surge involuntariamente, la simbología que representa es desconocida por el mismo autor. Afirma Díaz Ferrer que si fuera capaz de explicar su pintura sería escritor en lugar de pintor. Desconoce los motivos que lo han llevado a pintar desde niño, ha intentado pintar sin pensar. Cree que la mejor pintura se ha hecho sin la reflexión, sólo pintando despreocupadamente, sin seguir una idea determinada. Pinta con abstracción de lo que le rodea, sin hacer un esfuerzo intelectual de plasmar su obra. Ha suprimido las luces y las sombras, le molesta el modelado, la luz y la sombra. Piensa que desde el Renacimiento, al pintar con modelo se ha estropeado la pintura. Cree que las superficies de colores planos adquieren un enorme significado. Prefiere la pintura oriental, cree que la japonesa es la más explosiva, refinada y la más espiritual. Los títulos de sus obras son literarios y poéticos. O sea, esos títulos nada relacionados parecen con cada obra, aunque sí para el autor existe una correspondencia. Díaz Ferrer no especula son su pintura sólo expresa su sentir libremente por este medio. |